Homilía del 30 de marzo de 2025

March 30, 2025


Homilía del 30 de marzo de 2025

 

IV DOMINGO DE CUARESMA

Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús.

Les comentaba que hoy es el Domingo de la Alegría. ¿Cuál es el motivo de la alegría en este camino de Cuaresma? La alegría es que tenemos un Dios que nos ama, un Dios que es misericordioso. Y cuando alguien nos ama y es misericordioso, alegra nuestro corazón. Así como en la primer lectura que escuchamos, ese pueblo que iba caminando por el desierto, que duró cuarenta años, finalmente llega a la tierra prometida, y pueden comer de los frutos de Canaán. Seguramente el pueblo estaba feliz, estaba contento porque regresaba del destierro a la tierra prometida. 

Pues también hoy, el Evangelio que escuchamos, seguramente muchos de ustedes se lo saben de memoria, o lo sabemos de memoria: la parábola del hijo pródigo. Y hemos comentado cómo una parábola es un género literario, pero que deja una enseñanza profunda, y Jesús hablaba mucho en parábolas, partiendo de que muchos lo criticaban; lo criticaban porque se juntaba con los publicanos, con los pecadores, tenía siempre atención para aquellos que más lo necesitaban en servicio, y los escribas lo criticaban, los doctores de la ley. 

Y por eso Jesús hoy les pone una parábola para darles a entender, darnos a entender a nosotros cómo es el corazón de Dios. Es como una radiografía, ¿Cómo es Dios? Cómo en la historia de la salvación viene Dios a salvar a todo el mundo, y siempre las obras son lo más importante. 

Hace unos días, el viernes, estuve en una universidad dialogando con los universitarios y en el diálogo me hacían preguntas y me decían si solamente los católicos nos íbamos a salvar, y les dije: no, si alguien ha nacido en China, pues es budista, lo que vale es la salvación por las obras, por el amor con que se viva, por el bien que se haga a los demás. Y entonces regreso al Evangelio, cómo les pone esta parábola diciendo: pues el padre le dio a sus hijos, le dio a su hijo lo que le pidió, al hijo menor; porque uno de los elementos más importantes es que Dios no presiona, sino que Dios respeta la libertad. Y este hijo le pidió la parte de herencia que le correspondía, y él respetó y se la dio, y se fue a tierras lejanas, como sabemos, como escuchamos en el Evangelio. Pero se le terminó lo malgastó en muchas cosas indebidas, de tal manera que tuvo que trabajar para ganarse el pan de cada día, pero llegó un momento en que le llegó una luz a su alma y dijo: estoy arrepentido, voy a regresar con mi padre, le voy a pedir perdón. Y no solo lo pensó, sino que lo hizo. Cuántas veces nosotros lo decimos: bueno, después cambiamos, lo dejamos para mañana y al otro día para el siguiente. Él se decidió y caminó, y ¿Cuál fue la actitud del padre que está representando a Dios? No le echó en cara todas sus cosas, sino que lo recibió con los brazos abiertos y es más, le hizo una gran fiesta; de tal manera que regresó el hermano mayor y se enojó, se enojó y le reclamó al padre: porque yo he estado contigo y nunca me has hecho una fiesta. Pero Dios siempre es justo y le dio las palabras exactas: hijo, todo lo mío es tuyo, así es que, en cambio, a este hijo lo habíamos perdido, a mi hijo, a tu hermano, lo habíamos perdido y ha regresado. 

Qué hermosa parábola, por eso es el Domingo de la Alegría. ¿A quién nos parecemos nosotros? ¿Al hijo mayor, aquel que cumplía todo bien, era una persona excelente porque siempre estuvo con su padre, pero tenía un corazón frío, no fue capaz de alegrarse porque habían recobrado a su hermano? ¿O nos parecemos al hijo pródigo que nos equivocamos, pero que después regresamos? Estamos invitados, queridos hermanos, a parecernos a Dios, porque Dios siempre perdona. 

Leyendo algún escrito por ahí en relación a la ecología, se decía lo siguiente, que me parece a mí muy exacto: Dios siempre perdona, siempre; el ser humano a veces perdonamos, y la naturaleza nunca perdona. Fíjense cómo es cierto eso. A veces donde hay inundaciones, donde hay... La naturaleza no olvida. Pero lo más bonito es que Dios siempre perdona, por eso la única condición es la conversión, el querer cambiar, el querer mejorar en nuestra vida. 

Sigamos caminando en esta Cuaresma, ya dentro de quince días iniciaremos la Semana Santa y viviremos los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Que sigamos haciendo ese camino con Jesucristo que refleja hoy en la parábola lo que es Él y lo que es el Padre: alguien que nos ama y porque nos ama es misericordioso. 

Así sea.

+Mons. José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla