Homilía del 15 de mayo de 2025

May 25, 2025


Homilía del 15 de mayo de 2025

 

VI DOMINGO DE PASCUA

"Que todos los pueblos te alaben, Señor". Hoy respondíamos a la primera lectura con estas palabras, ojalá que todos los pueblos alabemos a Dios. Y estamos, queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús, también para los que están siguiendo esta eucaristía a través de los medios de comunicación, a través de las redes sociales. Seguimos en este tiempo de gozo. Hoy es el sexto Domingo de Pascua, tiempo de alegría por la resurrección del Señor. El próximo domingo celebraremos la Ascensión de Jesús a los cielos, día de la Gran Misión Católica en nuestra Arquidiócesis, y dentro de quince días será la fiesta de Pentecostés, la fiesta de la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles.

Y hoy el evangelio nos habla fundamentalmente de tres aspectos, de tres ideas que podemos nosotros reflexionar. La primera es sobre el amor. Recordarán hace ocho días como Jesús les dijo a sus apóstoles en La Última Cena: "Les doy un mandamiento nuevo, que se amen los unos a los otros como yo los he amado". Y ahí está la novedad en "como yo los he amado", y por eso hoy la lectura nos dice: "Si me aman, guardarán mis mandatos". Es decir, Cristo nos pide a nosotros que vivamos en el amor, y si permanecemos en el amor, pues también somos gratos a los ojos de Dios, porque el amor es el mandamiento esencial de los cristianos, es lo que nos debe distinguir: el amor. Y el amor se manifiesta de muchas maneras: en el servicio, en la solidaridad, en la empatía, en la colaboración, en la fraternidad, en el respeto. Son manifestaciones del amor y, sobre todo, en el servicio. Y un servicio generoso, pues esa idea nos la transmite hoy Jesús. Les dijo a sus discípulos, nos dice a nosotros como seguidores, que permanezcamos en el amor.

Y la segunda idea que hoy Jesús manifiesta es que Él, ya estamos en el sexto Domingo de Pascua, ya tiene que irse. Cumplió su misión y la cumplió de una manera extraordinaria, fiel hasta dar la vida en la cruz por todos nosotros. Y se les apareció diez veces después de su resurrección a sus apóstoles y los va preparando porque él ya tiene que partir en la fiesta que celebraremos el próximo domingo cuando Jesús sube a los cielos. Y como decimos en el credo, "está a la derecha del Padre", y por eso esta segunda idea dice Jesús, "no se preocupen, entiendo que estén tristes por mi partida, pero les voy a enviar al Paráclito, les voy a enviar al Espíritu Santo". Y esa es la gran noticia, ¿verdad?, que envía al Espíritu Santo sobre sus apóstoles, sobre la Iglesia. Y el Espíritu Santo siempre nos da los dones, esos dones que necesitamos para vivir con alegría en medio de las dificultades: el don de la sabiduría, el don de la ciencia, de la piedad, del temor de Dios, de la fortaleza, del entendimiento. Todos esos dones nos da el Espíritu Santo, y por eso la Iglesia continúa. Hay gente que quisiera que la Iglesia se terminara, y la Iglesia somos todos los bautizados, pero la Iglesia no se termina porque es obra de Dios. Él fundó, Jesucristo, a su Iglesia, y nosotros vamos en esa barca, a veces con días tranquilos, a veces con dificultades, a veces con crisis, a veces con problemas, a veces con retos, pero siempre está el Espíritu Santo que si queremos recibirlo abrimos nuestro corazón para que nos acompañe y vayamos dando en medio de este mundo testimonio de que Cristo Vive en nuestro corazón, vive en medio de nosotros.

Y la tercera idea es, nos dice: "les doy la paz". Si se fijan, en todas las misas los domingos empiezo yo pidiendo por la paz, porque la paz es muy necesaria en nuestro mundo. Hay problemas de guerra en Ucrania, Rusia, en Gaza, en Israel, pero también hay guerra en nuestro México, en nuestros municipios hay violencia, hay inseguridad, y es algo que nos duele y que a veces tenemos el peligro de acostumbrarnos. Y nosotros tenemos que ser sembradores de paz, y por eso nos dice que Cristo es la paz, el Evangelio. Él es nuestra paz, y cuántas veces he repetido yo aquí que la paz es un don de Dios. Tenemos que hacer oración y pedirle que Dios nos dé la paz porque es un regalo, pero también la paz es una tarea que cada uno de nosotros tenemos que cumplirla, tenemos que ir construyendo, ser artesanos de la paz. Y me gustó mucho, lo he comentado también, las palabras que nuestro papa actual, León XIV, nos dijo que la paz empieza con la mirada, porque nosotros podemos ver a veces con rencor, podemos ver con odio, podemos ver a veces, la mirada refleja muchas cosas, y entonces la paz empieza con la paz, empieza con la mirada. Una mirada bondadosa, una mirada de fraternidad, y la paz también se da, nos dice el papa, en el diálogo, en la escucha de los demás. Así es que fíjense qué bonito que vivamos en el amor, que el Espíritu Santo nos acompaña, pero sí queremos y también que somos artesanos de paz. Y ojalá que nosotros busquemos vivir así, en la unidad, en la comunión y resolver los problemas que se presentan a través del diálogo, de la escucha. Así como en la primera lectura, hoy pudimos detectar, escuchar cómo había problemas porque el cristianismo se iba extendiendo. Los seguidores de Jesús traspasaron las fronteras y también estaban teniendo influencia en la cultura grecoromana, y a veces querían poner preecripción también para los que se iban convirtiendo. Pero sabiamente los apóstoles dialogaron y dijeron, "no pongamos cargas pesadas sobre las personas"; lo importante, lo escencila es que tengan el encuentro con el Señor. Nosotros también, si dialogamos, podemos resolver muchos problemas, si dialogan entre los esposos, dialogan en la familia, dialogan en el grupo apostólico, o dialogamos en todos los luagres, sabemos escuchar, y siempre buscar lo mejor; no mis ideas que se impongan, sino lo que sea mejor de acuerdo al proyecto de Dios.

Pues que el Señor nos bendiga a todos y que vayamos viviendo en el amor, dejando que el Espíritu Santo nos acompañe, y que seamos artesanos de paz. Así sea.

+Mons. José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla