Homilía del domingo 01 de junio de 2025

June 01, 2025


Homilía del domingo 01 de junio de 2025

 

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
GRAN MISIÓN CATÓLICA 2025

Entre voces de júbilo, el Señor asciende a los cielos.

Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús:

Este domingo he venido a esta parroquia de Nuestra Señora de los Dolores para celebrar lo más grande que tenemos los cristianos que es la Eucaristía; celebrar la fe y celebrar la vida. Y quiero, en primer lugar, saludar a los más pequeños, a las más pequeñas, a los niños y a las niñas. Levanten su mano los niños y las niñas. Vamos a darles un aplauso fuerte porque… También quiero saludar a los adolescentes. A ver, levanten la mano los adolescentes. Un aplauso también se merecen. Saludo también a los jóvenes.... No tengan miedo de alzar la mano. Un aplauso a los jóvenes. Saludo a los adultos y adultos mayores. A ver, levanten la mano... Un aplauso también, fuerte. A las hermanas religiosas las saludo; al diácono Tonatiuh, a su párroco el padre Carlos Piña, al padre Edgar, aunque no está, anda en otra celebración. A todos los saludo con mucho cariño como pastor y amigo.

Ordinariamente, los domingos celebro la misa a las once de la mañana en la catedral Corpus Christi en Tlalnepantla, y esta semana le hablé yo al padre Carlos y le dije: «Pues yo quiero ir allá para visitarlos ahí en tu parroquia, Nuestra Señora de los Dolores». Y dijo con mucho gusto. Y también, pues en esta fecha tan significativa de la fiesta de la Ascensión del Señor a los cielos y que también coincide con la gran Misión Católica que desde el año 2015 se inició en esta Iglesia particular; solamente los dos años de pandemia, pues se hizo otro tipo de misión. Pero hoy es un hecho significativo que, al mismo tiempo, todas las parroquias, como un signo de querer llevar el Evangelio a los demás, salgamos a anunciar a un Cristo Vivo que está en medio de nosotros, que vive con nosotros y que le da sentido a nuestra vida.

En esta fiesta escuchamos, tanto en el primer libro de los Hechos de los Apóstoles como en el Evangelio de San Lucas, que narra ese acontecimiento: Jesús sube a los cielos. Y decimos en el Credo: «Está sentado a la derecha del Padre», sube a su trono. Pero no nos deja solos.

Sabemos nosotros la historia porque creemos en un Cristo que dio la vida por nosotros, un Cristo crucificado que nos amó tanto que dio la vida por nosotros, pero que la historia no terminó ahí, sino que el Padre lo resucitó al tercer día.

Y durante 40 días, nos platica hoy la Palabra de Dios, se estuvo apareciendo a sus apóstoles. Y a veces ellos, que estaban muy tristes, estaban encerrados. Jesús les decía: «Miren, no soy un fantasma. Vean mis manos, vean la señal de los clavos. Soy yo. El Padre me ha resucitado». Y se estuvo apareciendo varias veces para animarlos y para platicarles todavía acerca del Reino de Dios. Pero llegó el momento en que les dijo: «Miren, no estén tristes. Yo me voy, pero les voy a enviar mi Espíritu. Voy a enviar al Espíritu Santo, y Él les va a recordar lo que les he enseñado». Por eso, cuando estaba leyendo anoche la lectura, recordaba cómo algunos de ustedes, muchos, han sido confirmados, y este tiempo voy yo a las parroquias a confirmar, y también a algunos colegios. Y cuando llega el momento de la crismación, cuando uno le pone el aceite al que se confirma, el santo crisma, después de que el padrino o la madrina lo presenta, le dice uno… El padrino o la madrina le dice a uno: «Yo presento a Carlos para que sea testigo del amor de Dios». Y entonces el que celebra el Sacramento dice: «Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo». Y el que se confirma dice: «Amén». Y después uno le dice: «La paz sea contigo».

¡Qué hermosas palabras estas!, porque realmente si Dios, si Jesús, prometen la venida del Espíritu Santo, y el Espíritu Santo es el que da los dones: el don de la fortaleza, sabiduría, ciencia, piedad, entendimiento, temor de Dios. Y esos dones son para que uno sea testigo del amor de Dios, para que uno vaya y anuncie el Evangelio. Por eso, cuando recibieron el Espíritu Santo los apóstoles, la fiesta que vamos a celebrar el próximo domingo, Pentecostés, se les quitó el miedo. Y abrieron las puertas y salieron a anunciar que Jesucristo es el Señor, que Él es el camino, la verdad y la vida.

Y por eso, ¡qué emoción siento yo al ver a todos estos niños y niñas, adolescentes y jóvenes adultos, que también hoy ese mandato misionero lo quieren cumplir, lo queremos cumplir!, porque yo también salgo para anunciar a Jesús, y es un signo en toda nuestra Iglesia.

¡Qué hermoso es ver que todos salimos, todas las parroquias, para cumplir ese mandato de anunciar el Evangelio, que es la misión de la Iglesia! Y qué bueno que ya desde niños y niñas vayan teniendo un corazón misionero, que ya desde ahora busquen vivir su bautismo, porque todos estamos llamados a evangelizar. Vayan por todo el mundo.

Y cuando nosotros vamos siendo una Iglesia viva, de puertas abiertas, misionera, vamos cumpliendo esta tarea que nos deja el Señor. Pero hoy es un signo, un signo muy hermoso, muy bello, de salir. Y dice que ahora tenemos que ser muy creativos para evangelizar. Hay zonas residenciales en nuestra Arquidiócesis a las que no puede entrar uno para llevar el Evangelio. Pero bueno, entra la creatividad, y en unas parroquias va a haber un desfile de carros para anunciar el Evangelio, y también otros utilizan las redes sociales para anunciar a Jesucristo, y otros van a tocar las puertas para invitar a la gente a que se acerque.

¿Y qué es lo que hacemos, en pocas palabras? Compartir la experiencia que tenemos. Si nosotros aquí en la parroquia hemos descubierto, en nuestra familia hemos descubierto a un Cristo Vivo, hemos tenido un encuentro con Él, y ha cambiado nuestra vida. Ahora queremos que más gente también descubra a Jesucristo, que se encuentre con Él, y por eso lo invitamos también para que tenga este encuentro a través de los retiros, para que le pongamos los medios para que conozcan a Jesús. Cuando las primeras comunidades cristianas la gente veía cómo anunciaban a Cristo y decía: «¿Cómo podemos entrar a esas comunidades?». Vengan. Los invitaban y les platicaban acerca del Maestro, de Jesús de Nazaret.

Pero después de esos retiros también, pues hay que ir haciendo esos conversatorios para ir descubriendo más a este Cristo que es nuestra paz y que necesitamos tanto la paz en nuestro mundo. Por eso ahora, los que están viendo esta transmisión, esta Misa, porque la ven aquí en la arquidiócesis, pero también la ven en varias partes de la República Mexicana y también la ven fuera de las fronteras, en otros países, esta celebración, que hoy también esta parroquia sea un testimonio de gente que quiere vivir su fe y ser discipulos y misioneros de Jesucristo. 

Que el Espíritu Santo suscite muchas gracias en todas las parroquias, para que más gente se acerque al Señor y lo encuentre como el camino, la verdad y la vida. Vamos a decir fuerte todos: Gloria al Padre, Gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. 

+Mons. José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla