HOMILÍA EN EL V DOMINGO DE PASCUA

May 03, 2026


HOMILÍA EN EL V DOMINGO DE PASCUA

 

«Yo soy el camino, la verdad y la vida», dice el Señor.

 

Queridos hermanos, los saludo a todos con afecto en este V Domingo de Pascua, tiempo de gozo por la resurrección del Señor. También, de una manera especial, a todos los miembros del CLAT, del Consejo de Laicos de la Arquidiócesis de Tlalnepantla, nuestra querida Arquidiócesis. Y también saludo a todos los que están siguiendo esta celebración en diferentes lugares. Que tengamos todos a Jesús como el camino, la verdad y la vida.

Hoy las lecturas iluminan nuestro ser de cristianos y también nuestro quehacer. Y vemos en la primera lectura, el libro de los Hechos de los Apóstoles, cómo da el dato de que el número de cristianos, de seguidores, aumentaba. Una gran noticia, pero también vino un problema: ¿Cómo atender a todos?

La Iglesia, desde sus inicios, ha sido una Iglesia sinodal, que es reunirse para platicar, para discernir con la presencia del Espíritu Santo, para encontrar soluciones. Y se reunieron los apóstoles para decir: «¿Qué hacemos? Ya no alcanza, no nos alcanza el tiempo para la caridad», porque había enfermos y viudas que ya no se visitaban porque iba creciendo el número de cristianos, de seguidores de Jesús.

Y entonces fue cuando dijeron públicamente: «Vamos a elegir algunas personas de buena reputación, de buena fama, gente que haya tenido la experiencia de Dios para que tenga esa tarea». Y fue como nombraron, escuchamos, a siete personas, entre ellos Esteban, y los destinaron para que se dedicaran a la caridad, a visitar a los que lo necesitaban. Y ahí nació propiamente el diaconado, los diáconos. La palabra «diácono» significa servidor.

Tenemos aquí un diácono, el que está conmigo, Trinidad. Hay diáconos permanentes, hay diáconos transitorios; a él lo ordeno sacerdote junto a dos más, Víctor y Óscar, el día de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, ahora a fines de mayo.

Y entonces empezó así esta tarea, este servicio, este ministerio. Y podemos nosotros observar cómo se fue delineando desde entonces lo que llamamos en la Iglesia las tres tareas fundamentales, porque los apóstoles se dedicaban a la oración, a la palabra y a la Eucaristía, a la fracción del pan. Y son las grandes tareas que, donde haya Iglesia, son fundamentales:

  • La Palabra, que es la pastoral profética.

  • La Eucaristía, que es la pastoral litúrgica donde tenemos los sacramentos; y el sacramento fundamental, centro y culmen de la vida cristiana, es la Eucaristía.

  • La Caridad, que es la pastoral social.

Y claro que los que somos cristianos, los que somos bautizados, tenemos que vivir estas tres tareas. Todos tenemos que ser profetas, es decir, tenemos que hablar de Dios, evangelizar; pero también tenemos que tener la Eucaristía como centro de nuestra vida.

Eso es de una manera interna dentro de la Iglesia, pero también está el reto de salir, que es la pastoral social: ir a los enfermos, a los presos, a los migrantes, a los que sufren; que siempre seamos sensibles ante las necesidades que vamos viendo en nuestro mundo.

Por eso el libro de los Hechos de los Apóstoles y las primeras comunidades, siempre lo digo, es un tema antiguo pero nuevo también, porque es un reto para nosotros. Podemos preguntarnos: nuestra gente ¿se está alejando de la Iglesia o está participando más? ¿Nosotros estamos haciendo algo para que se dé más gente?

Me da mucho gusto ver la Catedral llena, pero tenemos el reto de, con el testimonio, acercar más a más gente para que escuche la Palabra de Dios, para que sea tocado su corazón con el mensaje de Jesús. Y qué bueno que vayamos nosotros siendo testigos del Evangelio, que se nos vea alegría, que se nos vea entusiasmo, de tal manera que otras personas digan: «¿Cómo me puedo acercar a la Iglesia? ¿Algún movimiento, algún grupo, alguna asociación, algo que me toque el corazón?».

Por otro lado, la segunda lectura de San Pedro nos habla de que somos piedras vivas. Ya desde el bautismo participamos del sacerdocio común, pero saber que siempre la piedra angular es Cristo. «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular», la piedra más importante: Cristo.

Siempre, para nosotros, lo más importante es el encuentro con Jesús. Ese Jesús que es el camino, la verdad y la vida. Que nosotros sigamos adelante en nuestra vida sabiendo lo que les platicó hoy Jesús a sus apóstoles: «Yo me tengo que ir para estar con mi Padre». Y, hablando coloquialmente, puso una expresión figurada: «Me voy; ahí hay muchas habitaciones donde después quiero invitarlos a ustedes».

Qué hermoso el destino del ser humano: la casa del Padre. Y nosotros, si seguimos a Jesús —camino, verdad y vida—, vamos a ser personas que sembremos el bien todos los días. Que el Espíritu Santo nos anime y nos dé la fortaleza para ser esos cristianos militantes, esos cristianos que siguen a Jesús.

Así sea.

 

+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla