HOMILÍA EN EL DOMINGO DE PENTECOSTÉS

May 24, 2026


HOMILÍA EN EL DOMINGO DE PENTECOSTÉS

 

«Ven, Espíritu Santo, a renovar el aspecto de la tierra»

Queridos hermanos y hermanas:

Si llega el Espíritu Santo, la vida cambia. La vida de cada uno de nosotros se transforma porque el Espíritu Santo, que es Dios, nos da paz, nos da alegría, nos da fraternidad, nos da comunión y nos da vida [00:08]. Por eso es muy importante que también nosotros hagamos esta petición en este día solemne de Pentecostés: «Ven, Espíritu Santo, a renovarnos» [00:37].

A todos ustedes los saludo, queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús; tanto a los que están aquí en nuestra Catedral de Corpus Christi, como a las personas que están siguiendo esta Eucaristía desde sus hogares o desde los lugares donde se encuentren [00:59]. Que hoy también experimenten el amor de Dios, que nos da a su Hijo Jesucristo y a su Espíritu Santo [01:24].

El Espíritu Santo es el gran desconocido; sin embargo, es el que a través de estos veintiún siglos ha acompañado a la Iglesia [01:43]. Desde pequeños aprendimos en nuestra casa y en el catecismo que creemos en un solo Dios y tres personas distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo [01:58]. Es una cuestión de fe porque no lo podemos comprender; necesitaríamos ser Dios para comprender cómo son tres personas distintas y un solo Dios verdadero [02:19]. Esto lo entendemos con el corazón y con la fe, porque vemos su intervención en la historia de la salvación [02:33]. Vemos a ese Dios que toma la iniciativa, que nos muestra su amor a pesar de las fallas humanas y de las infidelidades del pueblo; Él sigue confiando en nosotros: «Ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios» [02:54].

Ese Dios promete a un Salvador, y ese Salvador, que es el centro de nuestra fe, llega a nuestra tierra: la Palabra se hace carne [03:21]. Dios, siendo Dios, se hace como nosotros; siendo rico, se hace pobre y nace en Belén para, desde su pobreza, enriquecernos a todos [03:36]. Por eso vemos en Cristo —que repito, es el centro de nuestra fe— cómo nos revela el rostro de su Padre, siendo fiel a Él hasta las últimas consecuencias de dar la vida en la cruz por todos nosotros [03:52]. Aquí mismo lo contemplamos en el Señor de las Misericordias [04:29].

Parecía que todo había terminado en una tragedia con la muerte en la cruz, pero el Padre lo resucita; y ese es el destino de todos nosotros: la resurrección [04:33]. Después de resucitado, Jesús se aparece durante cuarenta días a sus apóstoles [04:42]. Aquellos amigos estaban tristes, cabizbajos y no le encontraban sentido a la vida, a pesar de que ahí estaba también María animándolos en el Cenáculo, en Jerusalén [04:54]. Jesús se les aparece varias veces y siempre les da ese saludo tan bello y hermoso que utilizamos en la Eucaristía; llegaba y les decía a sus apóstoles: «La paz esté con ustedes» [05:21].

Pero llega el momento en que Jesús ha cumplido su misión y tiene que regresar al Padre; como decimos en el Credo: «subió a los cielos y está sentado a la derecha del Padre» [05:31]. Sin embargo, les empieza a decir a sus apóstoles: «No los voy a dejar solos, les voy a enviar al Paráclito, al Espíritu Santo» [05:54].

Y entonces, hoy es el gran día. Envía al Espíritu Santo y la vida cambia, porque allí en Jerusalén, después de que Jesús sopló sobre ellos y les transmitió el Espíritu Santo, empezaron a vivir de una manera distinta [06:03]. Salieron a las calles donde había mucha gente de diversos países; escuchamos que hablaban distintos idiomas, pero el Espíritu Santo hacía que todos entendieran lo que estaban diciendo: el lenguaje del amor. Así empezó nuestra Iglesia [06:19]. Por eso hoy termina el tiempo de Pascua, los cincuenta días hasta Pentecostés, y esto no nos debe dejar fríos, sino que debemos sentir una alegría muy grande porque el Espíritu Santo nos acompaña. Claro, esto se da si nosotros queremos, porque siempre está la libertad en juego [06:57].

El Espíritu Santo es el que nos otorga sus dones; esos grandes siete dones que conocemos: sabiduría, fortaleza, entendimiento, inteligencia, piedad, ciencia y temor de Dios [07:20]. Son dones que da el Espíritu Santo para anunciar a Jesús y para colaborar con Él. Así que sintamos al Espíritu Santo que llega a nosotros y abramos nuestro corazón [07:45].

En la homilía de hace unas horas en Roma, el Santo Padre destacaba tres aspectos muy importantes que nos da el Espíritu Santo [08:10]:

  1. La paz: ¿Han sentido paz en su vida? Cuando sentimos paz podemos hacer muchas cosas; pero a veces traemos guerra interiormente o problemas internos, y eso nos dificulta las cosas [08:26]. Por eso Jesús les decía: «La paz esté con ustedes». Si tenemos paz, podemos crear otro tipo de relaciones y también construir un mundo diferente [08:38].

  2. La misión: El Espíritu Santo nos lanza a la misión; es decir, a no quedarnos con los brazos cruzados, sino a salir a hablar de Dios [09:04]. Aquí en nuestra Arquidiócesis, la semana pasada se organizaron retiros en todas las parroquias para fortalecer la espiritualidad [09:17]. Este domingo, en las distintas comunidades, salen grupos de niños, adolescentes, jóvenes y adultos a la misión, a anunciar a Jesús a los demás [09:38]. Esa es la tarea de todos: misionar, salir a dar testimonio de que creemos en Dios [09:53].

  3. La verdad: Finalmente, el Espíritu Santo nos ayuda para que siempre busquemos la verdad [10:13]. Creo que una de las características más fuertes actualmente en la sociedad son las mentiras; hay mucha mentira por todos lados [10:24]. A veces se dice que repetir mucho una mentira la convierte en verdad, pero no es así: no debemos acostumbrarnos [10:32]. El Espíritu Santo siempre nos pide que busquemos la verdad. Ya lo decía la Escritura: «La verdad nos hará libres» [10:43].

Así es que, queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús, hoy disfrutemos esta fiesta del Espíritu Santo y digámosle que nos acompañe; que nos acompañe para vivir con alegría, con esperanza y también con fraternidad [10:55].

Que así sea.

 
+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla