Homilías
HOMILÍA EN EL 62° ANIVERSARIO DE LA DEDICACIÓN DE LA CATEDRAL DE CORPUS CHRISTI
«El templo es un lugar de oración y de encuentro con Dios y con los hermanos»
Muy queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús:
Los saludo como padre y pastor en este domingo, día del Señor. Saludo también a las personas que están siguiendo esta transmisión a través de los medios digitales: que para todos sea una oportunidad para renovar nuestra fe y para seguir caminando con Jesús, construyendo su reino.
Les comentaba al inicio que hoy celebramos aquí en nuestra catedral el día de la dedicación. Hace 62 años... fíjense que siempre nos da mucha alegría tener un templo, una iglesia hermosa. Este templo se construyó hace más de cuatro siglos, en el siglo XVI. Precisamente los franciscanos fueron los que construyeron, precisamente con los indígenas de estos lugares. Y había dos grupos de indígenas, sobre todo los otomíes y los nahuas, que estaban divididos, peleados. Vemos nosotros el tipo de piedra de cantera —alguna negrita, otra rosa— pues también para significar estos dos grupos indígenas, pero que llegó la fe y los unió, llegó Jesucristo y los unió. Siempre por eso el logotipo de nuestra arquidiócesis tiene hombres y mujeres unidos, tomados de la mano, y en el centro las letras JHS, que significa «Jesús, Salvador de los hombres».
Antes, este lugar pertenecía a la Arquidiócesis de México y esta era una parroquia; no se construyó para catedral, sino se construyó para una parroquia: la Parroquia de Corpus Christi. Pero en 1964 se erigió esta diócesis. Cuando se erige una diócesis pues llega un obispo; y nosotros sabemos que el primer obispo aquí que llegó en 1964 fue don Felipe de Jesús Cueto —también franciscano—, él fue el primer obispo. Y esta parroquia se convirtió en catedral: la Catedral de Corpus Christi. Y hubo una ceremonia que se llama «dedicar el templo». Y en esta ceremonia, que es muy hermosa, cuando se dedica un templo, se dedica un altar, se consagra un altar, hay una ceremonia; y por eso les decía al inicio que se pusieron el día de hoy, para significar ese acontecimiento, este aniversario, que no pasara sin percatarnos, se pusieron estos cirios.
Y las lecturas nos ayudaron a entender, o nos ayudan a entender, desde el templo de Salomón, cómo un templo está hecho para dar culto, es un lugar de oración, de encuentro con nuestro Dios. Recordarán un pasaje del evangelio cuando Jesús llegó al templo de Jerusalén y estaban en la vendimia y estaban cambiando monedas: era un comercio. Y entonces Jesús se molestó y empezó a tirar las mesas y dijo: «Han convertido esta en una cueva de ladrones, y mi casa es casa de oración».
Y por eso el templo es un lugar de oración, donde nosotros venimos a encontrarnos con el Señor de la vida. Un lugar superespecial es el sagrario, donde vamos a tener un encuentro con el Señor. Y ojalá que cuando vengamos al templo, a la catedral, salgamos mejor que como entramos. Porque ¿quién de ustedes, quién de nosotros no tiene preocupaciones?, ¿quién de ustedes no tiene problemas, angustias?. Y cuando nosotros nos encontramos con el Señor en un ambiente de oración, salimos fortalecidos para el camino de la vida. Por eso siempre un templo es algo muy hermoso, ¿verdad?, un lugar de encuentro entre hermanos, pero es un lugar para alabar a nuestro Dios.
Empezó esta diócesis en 1964 y durante 25 años fue diócesis hasta 1989. Fue el primer arzobispo don Manuel Pérez Gil; fue el primer arzobispo de esta arquidiócesis. Después del señor Cueto estuvo el señor Suárez —que después sería cardenal en Monterrey— siendo todavía diócesis, y duró estos 25 años. Y en 1989 ya llegó el primer arzobispo, don Manuel Pérez Gil; después siguió el segundo arzobispo, don Ricardo Guízar; el tercer arzobispo, don Carlos Aguiar Retes; y un servidor como el cuarto arzobispo de la Arquidiócesis de Tlalnepantla.
Pero lo importante es que hoy digamos: este templo que lleva ya tanto tiempo edificado y que también quisiera que hiciéramos oración por todas las personas que han pasado, ¿verdad?, que nos han precedido en el camino a la casa del Padre, que también las tengamos presentes en esta santa misa; y que nosotros valoremos nuestro templo, que sea un templo digno. Es un templo muy hermoso con este retablo del siglo XVI, que debemos sentirnos orgullosos, contentos, porque en este lugar es para alabar a Dios, para bendecirlo y, sobre todo, pues para celebrar lo más grande que tenemos los cristianos, que es la Eucaristía.
Así es que sintamos esa alegría en nuestro corazón y sigamos teniendo este lugar digno, y sobre todo un lugar de encuentro con Dios y con los hermanos.
Así sea.
+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla