Homilías
HOMILÍA EN LA SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS
«La santidad no es para unos cuantos: Todos estamos llamados a ser santos de carne y hueso»
Muy queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús: hoy estamos celebrando esta solemnidad de Todos los Santos y quiero saludarlos a cada uno de ustedes con aprecio de padre y pastor, y también a las personas que siguen esta transmisión con mucha devoción en distintos lugares: que todos sintamos hoy la alegría de alabar al Santo de los Santos, que es Dios [00:00].
En la Eucaristía hay un canto antes de la consagración donde decimos: «Santo, Santo, Santo es el Señor», y él quiere que también nosotros seamos santos, participemos de su santidad [00:41]. Entonces, el día de hoy, sobre todo, es la alabanza para Dios y también el tomar conciencia de que estamos invitados todos a la santidad [01:12].
Nosotros sabemos que hay santos pues que en la liturgia están contemplados y que se les dedica a veces un día al año en el calendario litúrgico: santos conocidos como San Judas Tadeo, San Juan Bosco, San Francisco de Asís, San Antonio; y también los últimos santos, ¿verdad?, los papas San Pablo VI, San Juan... San Juan Pablo II, o estos jóvenes como José Sánchez del Río, Joselito, o el santo Carlo Acutis... Ellos ya están con el Señor e interceden por nosotros [01:25].
Pero también hay muchos santos anónimos, esos santos que no son conocidos pero que ya gozan de la presencia de Dios: una mujer sencilla de alguna comunidad, algún padre de familia, una madre de familia, una abuelita... [02:28]. Y lo que distingue a los santos es su compromiso con Jesucristo nuestro Señor [02:59].
Debemos pensar que los santos eran y son de carne y hueso, con cualidades, con dones, con carismas, pero también con defectos; pero que un día se comprometieron a seguir a Jesús [03:11]. Y la clave nos la está dando el evangelio que escuchamos el día de hoy: las Bienaventuranzas [03:36]. Ellos siguieron las Bienaventuranzas, y la primera bienaventuranza es clave: «Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» [03:47]. ¿Y qué significa ser pobre de espíritu?: confiar en Dios, abrir el corazón a Dios en todas las circunstancias —cuando estamos sanos y cuando estamos enfermos, cuando tenemos éxito o también fracasos—; en todas las circunstancias de la vida sentir la necesidad de Dios [04:02]. Porque en el mundo hay muchas cosas que nos distraen y nos apartamos de Dios; en cambio, el santo es aquel que confía en Dios, que ama a Dios, pero también ama a su hermano, al prójimo; sigue los mandamientos [04:32].
Entonces hoy es la invitación tan hermosa que nos hace la liturgia en este domingo en toda la Iglesia universal [04:54]. A lo mejor ustedes no se han preguntado: ¿estoy llamado a la santidad?, ¿la santidad es para otros? ¡No!, la santidad es para cada uno de nosotros [05:05]. Les decía: no importan las debilidades, los problemas, a veces el alejarnos del Señor; siempre hay la conversión y el querer ser amigos del Santo de los Santos [05:28]. Así es que, fíjense qué hermoso: las mujeres están llamadas a ser santas, los hombres a ser santos [05:43]. Y el santo es el que hace la voluntad de Dios, el que confía en Dios, el que lucha por la justicia, el que es misericordioso, el que ve por aquellos que menos tienen, por los más necesitados; y saber que los santos ya gozan de la presencia de Dios [05:52].
Y fíjense qué hermoso es también pensar cómo los que ya nos han precedido en el camino a la casa del Padre y están con el Señor interceden por nosotros [06:14]. Yo siempre pienso que mi papá y mi mamá, en paz descansen, interceden por mí y están en la presencia del Señor [06:36]. Y yo creo que es muy hermoso, es muy bello pensar en esto: en que los santos interceden, y ese es el camino que estamos llamados nosotros a realizar [06:47]. En las misas pedimos siempre por los difuntos para que ya gocen de la presencia de Dios [07:08].
Y fíjense que esta fiesta de hoy de Todos los Santos, la solemnidad, está conectada con la fiesta de mañana, que es la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos: aquellos seres que ya han pasado, decimos, a mejor vida, han cumplido el tiempo que el Señor les ha pedido en la tierra [07:18]. Y por eso la invitación hoy a pedir por la santidad de nosotros y para que vayamos recorriendo ese camino, pero mañana pedir por todos los seres queridos; y por eso los panteones se llenan de flores, de recuerdos... Se dice con razón que «las gentes pasan pero las obras quedan»; las obras quedan y la gente se va, es el camino de nosotros [07:44]. Pero ¡fíjense qué destino tan maravilloso tenemos los cristianos!: vivir en la casa del Señor [08:22].
Pues hoy y mañana tenemos presente a todos nuestros seres queridos, amistades, gente que nos hizo el bien, gente que nos ayudó a madurar, gente que nos ayudó a ser buenas personas: darle gracias a Dios y pedir por ellos [08:34]. Pero también les recomiendo que pidamos por los olvidados, por aquellos que nadie pide por ellos, para que el Señor en su infinita misericordia los acoja en el lugar de la luz y de la paz [08:56].
Así sea [09:17].
+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnbepantla