“No me eligieron ustedes a mí; fui yo quien los elegí a ustedes”
Jn 15, 16
Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús
Quiero expresarles mi alegría, con motivo de esta celebración “La Misa Crismal” en comunión y unidad con mi presbiterio de la Arquidiócesis de Tlalnepantla en esta hermosa Catedral de Corpus Christi.
Nos reúne hoy Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote que nos ama, que nos ha convertido en un reino de sacerdotes para el servicio de Dios, su Padre, a él, la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. (Cf. Ap. 1,6).
Los saludos a ustedes queridos sacerdotes, a mi hermano en el episcopado don Efraín Mendoza Cruz, - mi Obispo Auxiliar, - a los diáconos permanentes y transitorios, a los religiosos y religiosas, a los seminaristas, a los laicos y laicas aquí presentes; a todas las personas que a través de las plataformas digitales siguen esta eucaristía, dentro de las 7 zonas pastorales de nuestra Iglesia Particular, saludo a las personas que se conectan en diferentes partes de la República mexicana y del extranjero, a todos los bendecimos y deseamos experimenten el amor de Dios en sus vidas. Hoy de manera especial les invito a que nos unamos en oración para pedir por nosotros los sacerdotes y por todos los sacerdotes del mundo entero para que seamos fieles a la misión que hemos sido llamados.
En esta eucaristía conmemoramos el día en que Jesucristo comunicó su sacerdocio a sus apóstoles, y recordamos agradecidos el día en que nosotros recibimos el sacramento del orden sacerdotal, hoy día propicio para renovar las promesas que hicimos en esa fecha única y significativa.
El ha querido que algunos hombres participemos de su sacerdocio ministerial, y ciertamente no es por nuestros méritos sino por que Él quiso “No son ustedes los que me han elegido, Yo soy el que los ha elegido y los he destinado para que den fruto y su fruto permanezca”.
Queridos hermanos sacerdotes, Este día siempre es una oportunidad para darle gracias a Dios de corazón por el don que nos ha concedido, por nuestras familias, por los formadores que tuvimos en el Seminario en el proceso de discernimiento vocacional; por los sacerdotes en las parroquias, por las religiosas y los laicos que fueron instrumentos del Señor para conocer su llamado y darle una respuesta positiva; pero también es una ocasión para pedirle perdón por nuestras infidelidades, con el propósito sincero de esforzarnos todos los días en nuestra conversión personal y pastoral.
En el evangelio que escuchamos de san Lucas 4, 16-21 encontramos a Jesús de Nazareth, a quien le tocó proclamar la lectura en la Sinagoga, precisamente del profeta Isaías en el Cap. 61: “El Espíritu del Señor está sobre mi, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia de Señor” Jesús dijo, hoy se ha cumplido este pasaje que acaban de oír. Todos los cristianos estamos llamados a continuar las huellas, el programa del Maestro, los sacerdotes todavía tenemos mayor exigencia y responsabilidad.
Dios no está de acuerdo con el sufrimiento, las injusticias, la desigualdad, la división, el odio … Por eso su Espíritu empuja a Jesús a dejar su pueblo, su aldea para llevar la buena nueva a los pobres, como se proclamó en el Templo de Nazareth, quiere que nosotros sus discípulos misioneros pongamos esperanza en los que sufren, anunciemos que somos hermanos, hijos de un mismo Padre… hagamos realidad los valores para ir ida a día edificando el Reino de Dios. Si lo que hacemos y decimos los cristianos no es captado como “Buena Noticia” por nuestros hermanos y hermanas, por nuestra sociedad… ¿qué evangelio estamos predicando?
En estos 2 años de la pandemia COVID 19, ojalá nos haya hecho más sensibles al dolor, al sufrimiento, a las penas de nuestros hermanos y hermanas y así nuestra caridad cristiana sea más operativa, mas efectiva. En la 7a. Gran Misión Católica 2021, impulsamos la palabra, la línea “Consuelen Consuelen a mi pueblo” queriendo ser una Iglesia que anuncia el consuelo de Dios en la situación de dolor y sufrimiento que viven las personas de las comunidades, mediante acciones que manifiesten la cercanía y la compasión de Dios, para que descubran el amor que les tiene. Se trabajó ciertamente con algunos sectores, como niños, adolescentes, jóvenes, familias, adultos mayores; también podemos expresar que no hubo organización para llegar a sectores marginados… como migrantes, presos…
Ahora en la 8a Gran Misión Católica 2022 quiero invitarlos continuar esa línea… “La misión como encuentro con los alejados”, con la finalidad de mostrarles nuestra cercanía y proximidad, preocupándonos de sus problemáticas y ofreciéndoles espacios de ayuda y consuelo.
Queremos tener dos momentos de Misión, el primero el 29 de mayo del 2022, día de la Ascensión del Señor, sería salir al encuentro de las personas, encontrarnos con los desconocidos y preocuparnos por el prójimo de nuestras comunidades, descubrir sus necesidades y hacerle una propuesta para alimentar y fortalecer su fe.
El segundo momento, será el 13 de noviembre de este año, será en el día de la jornada del Pobre motivada por el Papa Francisco, con la finalidad de poner en práctica la caridad, en nuestras comunidades, sirviendo a nuestros hermanos que más lo necesitan. Para que se den frutos estar atentos a las indicaciones de la Vicaria de pastoral, para su preparación, realización y seguimiento.
Queridos hermanos y hermanas, dentro de unos minutos bendeciré el óleo de los enfermos y el óleo de los catecúmenos, y consagraré el santo crisma que serán llevados a cada una de las parroquias de nuestra Arquidiócesis.
Quiero en esta misa crismal, agradecer vivamente a todos ustedes sacerdotes por su generosidad y creatividad al estar cerca de nuestra gente; a los que tienen encomiendas diocesanas y sobre a todos los párrocos y vicarios que están en donde se juega la vida todos los días; gracias a todas las personas que apoyan de distintas maneras a sus sacerdotes Dios les recompense.
Finalmente quiero pedirles a todos y todas, particularmente a los sacerdotes a tener actitudes positivas, sobre todo de esperanza y creatividad, para animar a nuestros laicos y laicas a regresar presencial mente a nuestros grupos, comunidades, asociaciones, movimientos, a nuestros templos y parroquias para fortalecer nuestra fe, sin quitar los medios digitales que son un gran aporte especialmente para los enfermos y quienes no pueden ir a las parroquias por diferentes circunstancias; también continuemos activando los procesos pastorales que llevamos en las distintas pastorales y comprometámonos en serio en la elaboración del Plan de Pastoral que estamos elaborando.
Que nuestra patrona la Virgen de los Remedios nos proteja para seguir construyendo una Iglesia como quiere su Hijo, misionera, participativa, en comunión y sinodal. Así sea.
+ José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla