Homilía en el Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

April 17, 2022


Homilía en el Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

 

El Padre resucitó a Jesucristo y, con su Resurrección, le da sentido a nuestra vida 

 

Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús, hoy es el día más grande de todo el año para los cristianos porque celebramos la Pascua, la Resurrección del Señor, el paso de la muerte a la vida, el paso de la esclavitud a la libertad, el paso del pecado a la gracia; por eso es el día más grande, porque el Padre resucitó a Jesucristo y, con su Resurrección, le da sentido a nuestra vida. 

Los saludo a todos ustedes hoy con afecto en esta Pascua, a ustedes que están aquí en nuestra Catedral y a todas las personas que siguen esta transmisión desde sus hogares, dentro de la Arquidiócesis, también en algunos lugares de la República Mexicana y también en el extranjero, que sintamos todos en nuestro corazón la alegría de la Resurrección del Señor.

La Iglesia nos ha invitado a hacer todo un camino, el camino de cuaresma, y decíamos que la cuaresma es un camino, pero la meta es la Pascua, la Resurrección del Señor. Hemos vivido, esta Semana Santa, momentos muy importantes de nuestra fe y tienen como centro la muerte y la Resurrección del Señor, por eso tenemos que darle muchos sentido al domingo, redescubrir lo que es el domingo, sabemos nosotros que, laboralmente, el primer día de la semana es el lunes, pero para los cristianos el primer día de la semana es el domingo, hoy, el domingo es el día del Señor, el día de la Resurrección y, por eso, si es del primer día debemos dedicarle también un tiempo especial para fortalecernos, para escuchar su Palabra, para participar en su Eucaristía, para que esto nos ayude a vivir toda la semana con nueva visión, con nuevas perspectivas, desde la visión de Jesús. 

Es hermoso que en esta celebración se van a realizar confirmaciones de jóvenes y de adultos; realmente la confirmación es recibir al Espíritu Santo. ¿Para qué reciben el Espíritu Santo? para que les dé los dones y sean testigos del amor de Dios en el mundo, ese don de la sabiduría, de la piedad, del temor de Dios, de la ciencia, esos dones que da el Espíritu Santo.

Hoy que empezamos la Pascua vienen 50 días muy bonitos que van a desembocar, un domingo antes, en la Ascensión del Señor a los cielos y, el siguiente domingo, en Pentecostés, cuando el Espíritu Santo llegó sobre los apóstoles y ellos empezaron a anunciar a Jesucristo; esa es la tarea del que se confirma, es la tarea de los de los cristianos, anunciar a Cristo, pero no les debe dar miedo porque, si confiamos solamente en nuestras fuerzas, entonces sí tendríamos mucho miedo, pero cuando abrimos nuestro corazón al Espíritu Santo, Él va a hablar por nosotros, Él va a ser el que suscite muchas cosas y seremos instrumentos del Señor. 

Lo que escuchamos hoy en la primera lectura, sobre todo Pedro y Pablo, anunciaban lo que se llama el “kerigma”, el anuncio gozoso de Jesucristo, muerto y resucitado. Nunca se nos debe olvidar la cruz -es el signo de los cristianos, es el signo del Amor total-, pero ahí no termina la historia, sino que Dios padre resucita a Jesucristo y por eso creemos en un Cristo Vivo. 

Quiero animar a los que se confirman, a todos ustedes aquí presentes, a todos los que que están siguiendo esta transmisión, a que tengamos la misma tarea de anunciar a Cristo, por eso estas dos palabritas que utilizamos tanto en la Iglesia, que no sean palabras ya nada más como un cliché, que tenemos que ser “discípulos-misioneros”, sino que sean una realidad. El discípulo siempre está atento a escuchar al maestro y, después de escucharlo, anuncia a los demás, se hace misionero, fue lo que pasó con los apóstoles que estuvieron con el maestro. ¿Qué es lo que anunciaban? lo que habían visto y escuchado, platicaban la vida de Jesús, narraban la vida de Jesús; no era una clase, era una vivencia, una experiencia que ellos habían tenido, seguramente platicaban de los milagros, de lo que habían visto cuando levantó un paralítico, cuando le dio la vista a un ciego, cuando perdonó a la pecadora, cuando hablaba en parábolas, sobre cuáles eran sus actitudes de Jesús. 

Pues nosotros tenemos como modelo a Jesús y el Espíritu Santo es el que nos llega a nosotros para darnos la fuerza para anunciar a Cristo resucitado. 

Que de verdad hoy sintamos mucha alegría. Hay veces que nos gusta el fútbol, nos gustan espectáculos, conciertos, -qué sé yo-, podemos emocionarnos cuando gana un equipo, cuando hay algo que nos agrada, a lo que me pregunto: ¿realmente hoy nos emociona a nosotros la Resurrección del Señor?. Esto sí tiene un sentido grandísimo porque aquí, pues, nos jugamos la vida, es decir, Cristo le da sentido a nuestra vida, le da alegría, le da felicidad, pero también nos abre las puertas del cielo. 

Vivamos este tiempo de Pascua con alegría, con gozo y, también, anunciemos a Jesús en los lugares donde nos encontremos: en el trabajo, en la familia, en nuestra colonia; ojalá que sea con nuestra palabra, pero también y, sobre todo, con nuestras obras, con nuestras actitudes. Así sea.

 

+José Antonio Fernández Hurtado

Arzobispo de Tlalnepantla