«Que el escuchar nos ayude a mejorar, a renovarnos para ser una Iglesia como quiere Jesucristo»
Queridos hermanos y hermanas en Cristo resucitado: Saludo con mucho cariño a todos ustedes que están aquí presencialmente, con afecto de Pastor, y saludo también a todas las personas que se unen a nuestra Eucaristía a través de estas plataformas digitales, dentro del ámbito de nuestra Arquidiócesis y en diferentes lugares de la República Mexicana y también del extranjero; a todos les deseo la paz del Señor.
Hoy es un domingo muy especial, el Domingo de la Ascensión del Señor. Particularmente hoy se ha bajado la imagen del Señor de las Misericordias, una imagen venerada y muy querida por nuestro pueblo, y por eso hemos escuchado música, cuentes, todo una preparación, porque nosotros queremos que Jesucristo sea el centro de nuestras vidas. Seguramente que hoy ponemos todo lo que traemos en nuestro corazón en las manos del mediador, de Jesucristo nuestro Señor.
Las lecturas de este domingo, la primera, de los Hechos de los Apóstoles, y el Evangelio, de San Lucas, tratan el mismo tema: Jesús asciende a los Cielos para estar a la derecha del Padre. Durante este tiempo de Pascua hemos visto cómo Jesús se les aparece a sus apóstoles en diversas ocasiones, fueron diez las veces que se les apareció. De tal manera que no era un sueño, es una realidad: el Padre resucitó a su Hijo al tercer día. 40 días después de la Resurrección Jesús dice: «Yo tengo que irme al Padre», pero antes les da instrucciones a sus apóstoles, a sus amigos, le dice que sean testigos de lo que Él hizo, testigos del amor de Dios.
Hoy se nos quedan grabadas varias frases que escuchamos, como cuando de repente se apareció un ángel y les dice: «Galileos, ¿qué hacen ahí parados? Vayan a anunciar a Cristo», y esa es la misma tarea para nosotros: Anunciar a Cristo, ser testigos de Cristo.
Lo más importante en la fe cristiana es tener un encuentro con Cristo, pero un Cristo vivo, un Cristo que le da sentido a nuestra vida, le da un horizonte a nuestros vivir. Esta fiesta también nos debe alegrar el corazón, porque Jesús se va a los Cielos y ese es también el destino de todos nosotros, cristianos y cristianas. A mí me gusta decir que “debemos tener siempre los pies en la tierra, pero la mirada en el Cielo”, porque nuestra vida es pasajera, es rápida, es fugaz, pero nuestro destino es la Casa del Señor.
La Palabra que escuchamos es para nosotros, y por eso queremos ser testigos del Señor. En el año 2015 se realizó la primera Gran Misión Católica aquí en la Arquidiócesis de Tlalnepantla, que consistió en salir todos juntos a tocar las puertas de las casas para decirle a la gente que Dios nos ama, que Dios tiene un mensaje para nosotros, que Dios quiere nuestra salvación. Hoy es la 8a Gran Misión Católica, durante dos años no pudimos salir a causa de la pandemia, pero hoy saldremos y queremos ser testigos. Yo invité a las 203 parroquias de nuestra Arquidiócesis para que hoy salgamos, como un signo de comunión y de unidad, un signo de que queremos caminar juntos siendo misioneros y misioneras, pero antes de ser misioneros de misioneras tenemos que ser discípulos y discípulas, escuchar al Maestro para después salir a anunciarlo a los demás.
Hoy esta misión tiene una línea especial: ir a los alejados, ir a los que han abandonado nuestras parroquias con un signo de sencillez, de cercanía y de respeto, pero también queremos escucharlos, escuchar cómo quieren que sea nuestra Iglesia, como quieren que sean nuestras parroquias. Es muy importante que en este camino, en esta sinodalidad, el escuchar nos ayude a mejorar, a renovarnos para ser una Iglesia como quiere Jesucristo nuestro Señor. Se ha roto el paradigma de que quien tiene que anunciar a Jesús es el Papa, los obispos, los sacerdotes, las religiosas, los catequistas: el deber de anunciar a Cristo es de todos los bautizados, de todos los que pertenecemos a la familia de Dios.
Así es que hoy salgamos y digámosle a la gente que en medio de las dificultades que tenemos, de la violencia, de la migración, de la pobreza, hay esperanza, sabiendo vivir como hermanos, ayudándonos unos a otros. Que hoy salgamos con alegría, como lo hacían los apóstoles, a quienes Jesús dio las instrucciones para que sean testigos y a quienes les prometió el Espíritu Santo para que les diera los dones. No confiemos solamente en nuestras fuerzas, sino seamos conscientes de que el Espíritu del Señor nos acompaña para dar testimonio de que Jesucristo es el Señor.
Hoy es un día especial de misión, pero la misión es permanente, es de todos los días; hoy todas las parroquias haremos esta dinámica de salir juntos, cada parroquia tiene sus procesos, cada parroquia va teniendo sus caminos, pero la misión no es de un día, es de los 365 días del año anunciar a Jesucristo.
Sin duda que la Virgen María, la Virgen de los Remedios, nos acompaña, nos anima, como animó a los apóstoles, a salir a predicar el mensaje de salvación. Vamos a decir todos juntos: Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla