HOMILÍA EN LA SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

June 12, 2022


HOMILÍA EN LA SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

 

«Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Amén»

 

Muy queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús:

Saludo a quienes se encuentran aquí en nuestra Catedral y también quero saludar a las personas que están siguiendo esta transmisión en diferentes lugres; a todos les deseo que los acompañe siempre la Santísima Trinidad.

Hemos pasado 50 días de Tiempo Pascual y cerramos con las fiestas de la Ascensión del Señor y Pentecostés, la venida del Espíritu Santo. Hoy celebramos la solemnidad de Santísima Trinidad y es una recapitulación de todo este tiempo que hemos vivido para llegar a alabar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Hemos retomado otro tiempo litúrgico, que se llama el Tiempo Ordinario, y esta fiesta nos ayuda mucho a decir todos desde la fe que creemos en la Trinidad, un misterio central de nuestra fe, de nuestra vida cristiana, porque nosotros creemos en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, creemos en un solo Dios verdadero y tres personas distintas. Este misterio no lo entendemos a la luz de la razón, sino con el corazón, desde la fe.

Nosotros creemos en el Padre, que es el Creador; en el Hijo, que es el Redentor; y en el Espíritu Santo, que es el Vivificador, el que da Vida. Vemos nosotros cómo Dios Padre, el Creador, se va manifestando, desde la creación del hombre y la mujer, desde la creación del Universo se va dando a conocer a través del pueblo de Israel, a través de los profetas, se manifiesta ese Dios que nos ama. Y tanto nos amó que nos envió a si Hijo Jesucristo, el Redentor, el que viene a revelarnos el rostro del Padre, el que nos dice que tenemos un Padre. Y cuando Jesús parte a la derecha del Padre nos dice que va a enviar al Espíritu Santo, al que da la Vida, para poner en los labios de sus seguidores las palabras adecuadas para evangelizar.

El Espíritu Santo, tal vez el desconocido, es el que ha ido guiando a la Iglesia durante XXI siglos. La Iglesia es representada como una barca y hay momentos en que el mar está tranquilo y hay momentos de tempestad, donde parece que se va a hundir. Pero esta barca no se hunde, porque el Espíritu Santo la va guiando.

Dios siempre cumple lo que promete, y por eso hoy tenemos que confesar que creemos en la Trinidad. Todas las celebraciones Eucarísticas empiezan mencionando la Trinidad, «En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo»; terminan con la bendición de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo; cuando cantamos el Gloria mencionamos a la Trinidad; cuando decimos el Credo mencionamos a la Trinidad; y cuando se lee el prefacio también está presente la Trinidad; en la plegara eucarística. Es decir, en toda la celebración nosotros estamos expresando que nosotros creemos en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Hoy de una manera muy hermosa nos ayudó el coro con el canto de entrada para tomar conciencia de este misterio: Un solo Dios y tres personas distintas.

¿Qué enseñanza concreta nos da a nosotros? Que la Trinidad es una comunidad, una familia donde hay distinción, pero siempre hay comunión: El Padre es distinto al Hijo, el Hijo es distinto al Espíritu; los tres tienen misiones diferentes, pero es un solo Dios en el que creemos. En nuestra sociedad a veces vivimos un individualismo, pero estamos invitados a vivir en comunidad, en familia.

Por eso yo quisiera que este domingo en esta solemnidad todos pidiéramos por nuestras familias, por nuestras comunidades, para que se quiten las divisiones, los rencores, las envidias, los odios y realmente sigamos el proyecto del Dios que es Uno y Trino.

El Espíritu Santo es el que nos da los dones para construir fraternidad, para construir comunidad; y los frutos del Espíritu son la alegría, el servicio, la generosidad, el colaborar con los demás para vivir mejor.

Dios nos ha creado, queridos hermanos y hermanas, para ser felices. La felicidad es un estado de vida; la felicidad no consiste en no tener problemas, la felicidad consiste en dar la vida por los demás, en colaborar por aquellos que más lo necesitan.

Que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo nos llenen de bendiciones a todos nosotros y que nos animemos cada día a vivir en fraternidad. Así sea.

 

+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla