«¿Quién dicen ustedes que soy yo? –nos pregunta a cada uno este domingo Jesucristo Nuestro Señor– ¿Quién soy yo para ustedes?»
Queridos hermanos y hermanas en Jesucristo Nuestro Señor:
Les saludo a todos ustedes aquí en nuestra Catedral Corpus Christi, la sede de nuestra Arquidiócesis de Tlalnepantla, y quiero saludar a todas las personas en esta Iglesia particular que se unen a nuestra celebración, en especial a las personas enfermas, a las personas mayores de edad, que no pueden salir de sus casas y a través de estos medios digitales pueden alimentarse con la Palabra de Dios, con nuestra Eucaristía; y también saludo a todas las personas que en distintos lugares de la República Mexicana, y también en el extranjero, siguen esta Eucaristía dominical; y, como les decía hace unos momentos, también se transmite esta Misa a través de Radio María una vez al mes y quiero saludar a todos los que van en la carretera manejando, los que van en sus autos, los que están en establecimientos comerciales o en sus hogares; a todos quiero desearles que tengan un encuentro con Cristo, este Cristo que es el Mesías de Dios, el Hijo del Dios vivo.
Hoy en este XII Domingo del Tiempo Ordinario hemos escuchado un Evangelio que escuchamos varias veces al año, seguramente porque es muy importante, y este Evangelio tiene tres partes: la primera parte es la confesión de Pedro, la segunda el anuncio de la pasión, muerte y Resurrección de Jesús y la tercera es el seguimiento de sus discípulos.
En la primera parte Jesús, después de haber convivido un tiempo con sus discípulos, les hace esa pregunta: «¿Quién dice la gente que soy yo?», y las opiniones estaban muy divididas, porque se escuchaba que algunos decían que era Juan el Bautista, otros que era Elías o alguno de los Profetas. Después de escuchar Jesús con mucha atención les lanza la pregunta directa: «Para ustedes ¿quién soy yo?», y Simón Pedro, guiado por el Espíritu Santo, responde: «Tú eres el Mesías de Dios», la respuesta exacta, Jesús es el esperado, el enviado por el Padre que viene a salvarnos, que viene a enseñarnos a vivir, a darle sentido a nuestra vida.
Por eso les decía al inicio de esta conversación familiar «¿Quién es Jesús para nosotros?», y esta pregunta la tenemos que contestar durante esta Eucaristía o al final de ella. Si nosotros saliéramos a la calle y le preguntamos a la gente también nos llevaríamos muchas sorpresas, porque para algunos Jesús es un desconocido, es una superestrella, un profeta, un hombre que tenía poderes especiales, una idea. Ojalá que nosotros digamos: “Jesucristo es el Hijo del Dios vivo”, sobre todo ese Jesús que vive en medio de nosotros, ese Cristo vivo que vive en medio de nosotros, porque nosotros podríamos ver a Jesucristo como un personaje histórico que hizo milagros, que nos dio una doctrina, pero no, Jesús es siempre actual: valió ayer, vale hoy y valdrá mañana, es el Hijo de Dios, verdadero Dios y verdadero hombre. Yo creo que hoy podemos pedirle a Dios que nos dé esa alegría de encontrarnos con Él, por eso un documento de la Iglesia dice que lo mejor que nos puede pasar en la vida es tener un encuentro con Jesucristo, porque cambia nuestra vida. Qué hermoso es que hoy nosotros respondamos esta pregunta, porque es lo que le da identidad a nuestra vida, la identidad cristiana.
La segunda parte es donde Jesús dice que va a padecer, que va a morir en la cruz, que va a resucitar, y ciertamente al escuchar esto a los discípulos les causaba un escándalo, porque ellos estaban convencidos de que Jesús venía a liberarlos, un Jesucristo militar, un Jesucristo con poderes. Recuerden ustedes que en ese tiempo Jerusalén era una colonia de Roma y ellos ansiaban liberarse, entonces pensaban en un Cristo liberador. Hoy se nos dice que Jesucristo es el sufriente, por eso la primera lectura, del profeta Zacarías, tiene una profecía que dice: «Le van a traspasar su costado con una lanza», refiriéndose a la muerte de Jesucristo.
La tercera parte, que es para nosotros también, «El que quiera ser mi discípulo, que tome su cruz de cada día y que me siga». ¿Qué significa? Significa tener siempre como modelo a Cristo y seguir sus huellas, seguir su ejemplo de entrega, de amor, porque el móvil de todo es el amor, Él da su vida porque nos ama, Él sufre porque nos ama, y también nosotros debemos seguir a Jesús porque lo amamos.
Ahí tenemos esta enseñanza del Evangelio de hoy, que hoy reafirmemos nuestra fe y le digamos a Cristo que es el Hijo de Dios vivo, que nosotros queremos seguirlo a pesar de nuestras infidelidades, de nuestras perezas, nuestra falta de constancia, pero queremos seguir a Jesús porque lo amamos, porque queremos seguir su ejemplo.
Finalmente, alimentemos nuestra fe en este encuentro con Cristo, sobre todo en contacto con la Sagrada Escritura, con los Evangelios, porque ahí vemos a ese Cristo vivo, ese Cristo al cual nosotros estamos llamados a parecernos a Él, por eso somos cristianos, porque queremos seguir a Cristo y Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Así sea.
+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla