«La felicidad está en compartir con los demás lo que tenemos y lo que somos»
Muy queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús:
A todos les saludo con afecto, a los que a través de las redes sociales, de los medios digitales, siguen esta celebración que se transmite desde la Catedral de Corpus Christi Tlalnepantla y la siguen en algunos lugares de la República Mexicana, en Estados Unidos de Norteamérica y también en algunas partes del mundo; a todos y cada uno les deseo la paz del Señor.
Este domingo la Liturgia de la Palabra nos invita a reflexionar sobre los bienes materiales. Hay veces que se nos olvida que nuestra vida es de paso y nos gusta acumular bienes, pero el mensaje de la Palabra de Dios de este día es que acumulemos bienes a los ojos de Dios.
Vivimos en un consumismo en la sociedad en la que estamos insertados y hay veces en que tenemos una cosa y queremos otra y otra; el que tiene un auto quiere dos; el que tiene un juguete quiere dos, tres, cuatro. Los bienes materiales no son malos, lo malo es estar esclavizado a ellos.
El Evangelio parte de una persona que se le acerca a Jesús para decirle que le diga a su hermano que le dé parte de la herencia que le corresponde. Jesús le dice: «Yo no soy juez para darle una indicación al respecto», y aprovecha para dar una parábola donde se nos cuenta de una persona a la que le iba muy bien y ya no le cabían sus cosechas en sus graneros y entonces dijo: «Ya sé qué voy a hacer, haré un granero grandísimo para almacenar las cosechas y luego ya no me voy a preocupar, porque voy a tener mucho, y me daré una buena vida». Entonces nos platica la parábola que ese mismo día el Señor le dijo: «Insensato, esta noche te voy a llamar». La conclusión es que no sirve tener tanto bienes si se pierde lo más importante, que es la relación con Dios.
Los bienes materiales a veces esclavizan. En la segunda lectura nos habla San Pablo de que tenemos que estar viendo los bienes del Reino de Dios, que son los que más cuentan, porque aunque los bienes materiales son necesarios a veces nos esclavizan y tenemos cosas de sobra. Esta persona que hizo esa gran cosecha para ponerla en su granero se olvidó de los demás, se olvidó de compartir.
La clave del Evangelio es compartir. Hay veces que nosotros podemos tener mucha ropa que no necesitamos y la podemos compartir con aquellos que no tienen, por poner ese ejemplo de la ropa, pero pueden ser muchas otras cosas. Hoy la Palabra de Dios nos cuestiona qué tan esclavizados, qué tan dependientes estamos de las cosas materiales, que a veces nos hacen ser egoístas.
Eso lo podemos ver en todos los ámbitos. Si los países ricos compartieran con los países más pobres sería otra la situación. En la misma Arquidiócesis, cuando yo recorro todas las parroquia de los 6 municipios que la conforman veo las desigualdades y es que a veces algunos nos hemos dedicado a acumular bienes y olvidarnos de los demás.
«Busquen el Reino de Dios y lo demás se dará por añadidura». Que nunca se nos olvide el compartir. Es muy bonito cuando uno visita a gente muy pobre en lugares alejados y ellos lo que tienen lo comparten. La felicidad no está en la acumulación de bienes, sino la felicidad está en compartir con los demás lo que tenemos y lo que somos.
Que el Señor nos bendiga a todos, que no perdamos el horizonte de la vida eterna, porque, como decía hoy la Palabra de Dios, la vida es como un sueño, rápido, y tenemos que vivirla, pero es mejor vivirla compartiendo lo que somos y lo que tenemos. Que así sea.
+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla