«Todos debemos buscar la Paz, la Paz que quiere Dios»
Muy queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús:
A todos les deseo salud y paz, a ustedes que están aquí presencialmente en nuestra Catedral y también a los que a través de estos medios digitales llega a sus hogares esta celebración, dentro del terrotorio de nuestra Arquidiócesis, de distintos lugares de la República Mexicana y también del extranjero; que todos sintamos el amor de Dios.
Queridos hermanos y hermanas, estamos invitados todos a colaborar en la construcción del Reino de Dios. Jesús vino a enseñarnos en qué consiste su Reino, un Reino de justicia, de verdad, de fraternidad, de solidaridad, de familia, de comunión, de solidaridad, de sinodalidad, de caminar juntos, de apoyarnos, en pocas palabras consiste en luchar por vivir como hermanos.
El Reino de Dios es un reto muy fuerte y hoy el Evangelio de Lucas que acabamos escuchar nos puede desconcertar, porque hoy Jesús dice: «No he venido a traer la paz, sino la división», y cómo estarán divididos en la familia. Tenemos que entender qué quiso decir Jesús con estas palabras. Quiso decir que la paz no es algo cómodo, dulce, superficial, una paz aparente, sino que la paz es algo muy importante en la vida de la sociedad, en la vida de los cristianos. Cuándo alguien verdaderamente busca la paz va creando división, por eso dice: «He venido a traer división», porque Jesús claro que es el Príncipe de la paz, pero es una paz auténtica, una paz verdadera, no una paz superficial, que no se mueve.
Encontramos nosotros en la primera lectura cómo el profeta Jeremías, por buscar la justicia, por buscar la paz, crea división. En ese tiempo había una invasión de las fuerzas de Babilonia y entoces Jeremías le dice al rey que detenga esta lucha, porque es muy fuerte el ejército de Babilonia y seguramente habría muchas muertes, y por decir la verdad crea división y lo llevan para meterlo a un pozo muy hondo.
Quien busca la paz a veces crea división, es la contradicción, pero hablamos de la paz verdadera. Nosotros podemos ir viendo a través de la historia cómo gente que busca paz tiene conflictos, por eso Jesús dice: «Yo no he venido a traer la paz», pero, repito, una paz aparente, una paz superficial.
El que busca la paz verdadera va a crear problemas. Nosotros vemos las situaciones tan complicados que tenemos de violencia en todo México, más acentuada en algunos lugares que en otros. Los obispos hemos hecho comunicados para invitar a la gente a que sea creadora de paz, de la paz verdadera, porque hay mucho derramamiento de sangre.
Muchas veces he dicho aquí cómo la paz es un don de Dios, pero que se va construyendo día a día; la paz viene del Cielo, pero nosotros la vamos realizando todos los días. Por eso cuando buscamos la paz a veces hay división.
Encontramos, por ejemplo, en Nicaragua, este país centroamericano, cómo no hay respeto por los derechos humanos, por la dignidad y tampoco por la fe, y cómo un obispo salió con el Santísimo Sacramento a la calle para decir que Dios quiere paz, que Dios quiere que se viva en el respeto y la fraternidad. Él al buscar eso crea división, porque hay unos que no están de acuerdo.
Siempre el modelo para nosotros es Jesucristo, Él vino a traer la paz, la justicia, la verdad, y ¿cómo terminó? Crucificado. Por eso hoy dice Jesus: «No he venido a traer la paz, sino la división», pero, repito, la paz a la que se refiere Jesús es una paz superficial, una paz aparente, una paz que no es profunda.
La conclusión de hoy, hermanos y hermanas, es que todos debemos buscar la paz, pero esa paz que quiere Dios, esa paz que crea fraternidad, que crea unidad, que crea alegría y crea paz, que va creando muchas cosas hermosas en la vida de nosotros. A veces también podemos encontrar dificultades cuando nosotros buscamos la paz verdadera en nuestra propia familia, pero Jesús no nos promete, a sus discípulos, que todo irá a color de rosa, que todo irá muy suavecito, sino que Él nos dice: «El que quiera ser mi discípulo, que tome su cruz y que me siga», pero sabemos que la cruz siempre nos lleva a la Resurrección.
Que el Señor nos ayude a ser constructores de paz en donde nos encontremos. Así sea.
+ José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla