HOMILÍA EN EL XXI DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO

August 21, 2022


HOMILÍA EN EL XXI DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO

 

«Dios quiere que todos los hombres y mujeres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad»


Muy queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús:

Les saludo con afecto a ustedes que están aquí en la Catedral de Corpus Christi, sede de la Arquidiócesis de Tlalnepantla; también quiero saludar a los que a través de estos medios digitales están siguiendo esta Eucaristía, que también experimenten el amor de Dios; y todos los terceros domingos de mes esta Eucaristía es transmitida por Radio María en varios estados de la República Mexicana, algunos van en sus automóviles o están en algún lugar, algún mercado, algún establecimiento o en algún hogar escuchando esta Santa Misa, escuchando la Palabra de Dios; a todos les deseo la paz del Señor.

Dios quiere que todos los hombres y mujeres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, y es precisamente el tema de este domingo. El Evangelio parte de una pregunta de una persona que iba con Jesús cuando Él iba enseñando los secretos del Reino, le hizo la pregunta: «¿Es cierto que son pocos los que se salvan?», y la respuesta de Jesús no fue decir la cantidad, si eran pocos o muchos, sino dijo: «Esfuércense por entrar por la puerta angosta».

Resulta que en el tiempo de Jesús había varias escuelas, donde había maestros, los rabinos, y uno de los temas que se trataban era sobre la salvación o la condenación, pero todos los rabinos pensaban que la salvación era solamente para los judíos. Hoy la primera lectura, del profeta Isaías, abre el panorama y la salvación es para toda la humanidad, para todos los pueblos de la Tierra, porque Dios quiere que todos nos salvemos, pero ya depende del compromiso de cada uno de nosotros en entrar por esa puerta estrecha, y un día dijo Jesús: «Yo soy la puerta».

La salvación no tiene que ver con la nacionalidad o con el estado de vida, sino con el compromiso, con el amor, con el servicio a los demás. Por eso Jesús hoy platica esta parábola, que es para todos nosotros, y les dice: «Muchos van a estar tocando la puerta, porque quieren entrar al Reino de los Cielos, al Reino de Dios». Entonces tocarán y le dirán: “Señor, te escuchamos una vez que hablaste, yo participaba en los grupos, yo te conocí”, y Jesús dirá: “No sé quiénes son ustedes”. Al fina de la parábola nos dice: «Los últimos serán los primeros y los primeros los últimos», es decir, Dios quiere a toda la humanidad.

La invitación para todos nosotros es buscar el Evangelio. Yo creo que ninguno de nosotros queremos condenarnos, pero uno no debe de vivir la vida con ese miedo, con ese temor, sino realmente caminar con Jesús, que es el centro de nuestra fe, por eso yo creo que la invitación también es a la santidad. ¿Quién es una persona santa? Una persona santa no es la que hace cosas extraordinarias, el santo o la santa es el que sirve, el que ama, el que hace el bien a los demás, el que busca siempre crear fraternidad y comunidad; incluso el salmo responsorial tiene un tinte misionero porque dice que todos nosotros estamos llamados a dar a conocer el mensaje de Dios.

Yo ayer estuve en confirmaciones en esta parte de Naucalpan, en tres parroquias muy pobladas, y yo le preguntaba a la gente cuánta gente vive en esas parroquias y les decía a los adolescentes y jóvenes: “¿Será que todos los que viven aquí conocen a Dios? Yo creo que no”, y les lanzaba el reto a ellos para que también fueran misioneros y misioneras y todo el proceso que llevan en la catequesis para conocer a Dios, para amarlo, lo den a conocer a los demás.

Todos nosotros tenemos esa misión de llevar el mensaje de salvación a todas las personas. Muchas veces nos falta valentía, porque llevar el Evangelio a los demás a veces no es cómodo, porque quita algunas situaciones de confort, y el Evangelio causa alegría, pero también necesita de sacrificio, esfuerzo.

Todos estamos invitados, les decía, a entrar por esa puerta angosta. Cuando se dice puerta angosta quiere decir que hay dificultad a veces para entrar, pero que vale la pena. El Señor es el camino, la verdad y la vida; que hoy nosotros nos sintamos invitados a la salvación. Así sea.

 

+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla