Homilía en la Fiesta Patronal de Nuestra Señora de los Remedios

September 01, 2022


Homilía en la Fiesta Patronal de Nuestra Señora de los Remedios

 

Después de Cristo, María ocupa en la Iglesia el lugar más alto y a la vez más próximo a nosotros

 

Apreciado hermano Obispo Auxiliar don Efraín Mendoza Cruz, estimado párroco de este Santuario de los Remedios Mons. Martín Méndez.

Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús.

Saludo con afecto a mis hermanos sacerdotes, a los diáconos permanentes, a los religiosos, religiosas, seminaristas, a  las personas que se encuentran de manera presencial en esta Capilla abierta de san Miguel Arcángel; saludo a las personas de las distintas zonas pastorales, decanatos y parroquias de nuestra amada Arquidiócesis; también a los que se unen a través de los medios digitales Facebook live y Youtube live, a través de los cuales se esta transmitiendo esta celebración en nuestra Iglesia Particular , en el Territorio Nacional y en el extranjero, a todos les deseo que experimentemos el amor de Dios y la bendición de nuestra Señora de los Remedios.

Ordinariamente hay alegría cuando se realizan en nuestras parroquias las fiestas patronales, en donde se congrega la comunidad para festejar al patrono o a la patrona, con distintos programas: novenarios,  triduos, música, fuegos artificiales, flores, danzas, juegos mecánicos, vendimias, etc., y siempre se tiene como centro de la fiesta la Santa Misa. Las personas, la comunidad siempre esperan con gusto la fiesta patronal de su parroquia y el párroco la coordina y la anima. Cuando la fiesta se vive con un espíritu cristiano, la comunidad y las familias salen unidas y fortalecidas.  Hoy que tenemos está celebración eucarística en la fiesta de Nuestra Señora de los Remedios Patrona de nuestra Arquidiócesis queremos festejarla y darle las gracias porque experimentamos su presencia maternal, siempre intercede por nosotros ante Dios Nuestro Señor y nos bendice. 

Escuchamos en el evangelio de san Juan el pasaje de la boda en Caná de Galilea, en donde la intercesión de María, la madre del Señor, adelanta la “hora” de Jesús, la realización del milagro, vemos con claridad la solicitud maternal de María, que se muestra sensible a las necesidades del prójimo, en este caso, los nuevos esposos, y es prueba también de la eficacia de su intercesión ante su hijo, Así lo ha entendido desde siempre el pueblo cristiano, que a través de los siglos ha confiado en la mediación de la Madre del Señor, venerándola e invocándola de continuo.

Hoy quiero invitar a cada uno de ustedes, a cada uno de nosotros, a que nos dirijamos a nuestra Madre para pedir por las necesidades que traemos en nuestro corazón, por las necesidades que tenemos en nuestras familias, en nuestras parroquias en nuestra Iglesia Arquidiocesana y que ella conoce, pidamos por la paz, por el Papa y  toda la reestructuración que se está realizando en la Curia Vaticana, por nuestro Seminario y el aumento y perseverancia de las vocaciones sacerdotales, religiosas y laicales;  por los pobres y más necesitados: los migrantes, los presos, los que no tienen trabajo, los que no encuentran sentido a la vida; hoy de una manera particular  le pedimos a nuestra madre santísima que interceda ante su Hijo Jesucristo, para que nuestro Plan de Pastoral, sea un verdadero y auténtico instrumento de evangelización, y responda a los retos actuales de nuestra sociedad y de nuestra Iglesia. Les animo a que lo sigamos elaborando con entusiasmo, con esperanza, en comunión y participación, siguiendo precisamente la espiritualidad de la comunión y en sinodalidad.

En esta fiesta patronal  queremos darle gracias a Dios porque la eligió para ser la Madre del Salvador y ella confió totalmente en Él,  “Hágase en mi según tu palabra, yo soy la esclava del Señor”. (Lc 1,38).

El Concilio Vaticano II decidió incluir dentro la Constitución sobre la Iglesia la doctrina sobre la Virgen María, porque “después de Cristo, ella ocupa en la Iglesia el lugar mas alto y a la vez mas próximo a nosotros” (LG 54). María es la perfecta cristiana, la primera discípula de Jesús, que escucha la Palabra de Dios, la medita en su corazón, la asimila y la pone en práctica.

Hoy les invito a que le demos gracias a Dios Padre, porque nos regaló como madre a María, la Madre de Jesús. Hoy en el evangelio  la vemos a su lado en funciones de intercesión maternal, como acostumbraba preocupada siempre del bien de los demás. 

En el marco de esta fiesta patronal recibirán algunos seminaristas el ministerio de Acólitos y  de Lectores, nos alegramos porque se van configurando con Cristo y van cada día  discerniendo su camino, dando un paso importante para el sacramento del orden sacerdotal.

Al ser elegidos para el ministerio de acólitos van a participar de una manera especial en las celebraciones litúrgicas de la Iglesia, de cuya vida es fuente y cumbre la Eucaristía, mediante la cual se edifica y crece el Pueblo de Dios.

Se les confía la misión de ayudar a los presbíteros y diáconos en el ejercicio de su ministerio y distribuir, como ministros extraordinarios, la sagrada comunión a los fieles y llevarla a los enfermos. Les invito para que cada día valoren mas la eucaristía y la tengan como centro de su vida y de su jornada diaria.

Al ser elegidos para el ministerio de lectores, es decir, heraldos de la Palabra de Dios, van a prestar una valiosa ayuda en esta misión confiada a la Iglesia. Por eso, ahora se les va encomendar en el seno del pueblo de Dios un oficio especial al servicio de la fe, la cual tiene su raíz y fundamento en la Palabra divina, Así pues, su misión consistirá en proclamar la Palabra de Dios en las celebraciones litúrgicas, educar en la fe a todo el pueblo de Dios.

Recibirán el libro de la Sagrada Escritura, ténganla  como el Libro de cabecera, ábranla, medítenla, asimílenla y busquen hacerla vida.

Termino con la oración que haré al final de esta eucaristía: Dios y Padre nuestro que, por tu poder y tu bondad, has hecho que la Virgen María, primicia de la redención, brille como imagen purísima de la Iglesia, concede a este pueblo tuyo que peregrina en Tlalnepantla hacia ti, que fijos sus ojos en ella y, bajo su protección, siga fielmente a tu Hijo, Jesucristo, hasta que llegue a la plenitud de la gloria que ya contempla con gozo en la Virgen Santísima, Nuestra Señora de los Remedios. Amén.

 

+ José Antonio Fernández Hurtado

Arzobispo de Tlalnepantla