«Siempre debemos compartir con los demás lo mucho o lo poco que tengamos»
Muy queridos hermanos, hermanas, en Cristo Nuestro Señor:
Como cada domingo, les saludo con alegría, a ustedes que están aquí presencialmente en nuestra Catedral de Corpus Christi, la sede de nuestra Arquidiócesis de Tlalnepantla, y también saludo a todos los que en distintas parroquias de nuestro territorio de nuestra Iglesia particular están siguiendo esta Eucaristía, al igual que en otros lugares de la República Mexicana y también desde el extranjero; que esta Misa dominical nos ayude, que sintamos la bendición de Dios y de nuestra Madre Santísima para seguir construyendo día con día su Reino entre nosotros.
Hoy en la primera lectura, queridos hermanos y hermanas, del profeta Amós, que vivió en el siglo VIII antes de Cristo, había un bienestar económico, como en nuestros tiempos también se repite lo mismo, y había algunos que tenían muchos bienes, pero la mayoría del pueblo vivía al día, sorteando las necesidades comunes; los ricos tenían monedas de oro y de plata y los pobres tenían monedas de cobre y había ese intercambio. Pero el profeta Amós denuncia la situación, la realidad, para hacer conciencia de su situación a los que tenían más, porque siempre el proyecto de Dios es la igualdad y la fraternidad, porque somos hijos de un mismo Dios. Sin embargo, la lectura nos platica cómo esta gente que tenía mucho quería que pasara rápido el sábado, porque ese día no se trabajaba, y ellos querían seguir enriqueciéndose, teniendo más bienes.
Por eso esta lectura nos prepara al Evangelio de San Lucas que escuchamos hoy, que también habla del mismo tema, el dinero, y nos dice al final de la parábola: «No se puede servir a Dios y al dinero», porque muchas veces el dinero o los bienes materiales nos alejan de los demás y solamente estamos pensando en cómo aumentar esas ganancias, esos bienes materiales. Para ello puso una parábola para que entendiéramos esta situación, porque el dueño de nuestra vida es Dios y nosotros somos administradores.
La parábola nos platica cómo un hombre rico puso a un administrador que no hizo bien su papel, se enriqueció a sí mismo, y esta noticia le llegó al dueño y lo mandó llamar y le dijo: «No has sido un administrador positivo, no has llevado bien las cosas, no has sido buen administrador, entonces te voy a destituir, dejarás de ser mi administrador». Nos dice que el administrador previó el futuro y empezó a llamar a los que le debían a su señor y alteró las notas, aquel que debía 100 barriles le anotó 50, y así fue llamando a algunos, de tal manera que cuando él saliera tuviera amigos a los que les había hecho bien al bajarles sus deudas. Jesús no alaba a esta persona como administrador, sino alaba su habilidad, de ninguna manera su proceder.
Lo más importante en una parábola es la conclusión. Muchas veces el dinero nos puede desviar, puede ser que no se tenga mucho, pero el que alguien esté atesorando y pensando solo en eso lo hace olvidarse de los demás. Este domingo podemos quedarnos con algunas conclusiones, como que los bienes materiales son neutros, pero depende del uso que se les dé, por eso la invitación del Evangelio es a siempre compartir con los demás lo mucho o lo poco que tengamos.
Por eso la segunda lectura, de San Pablo, nos dice: «Hagamos oración». La oración es ese diálogo con el Señor, si hacemos oración, si tenemos contacto con la Sagrada Escritura, pues vamos a ver ahí el proyecto de Dios y nos ayudará a no desviarnos. Repito, el proyecto de Dios es la fraternidad, porque somos Hijos de Dios.
En la primera lectura aquellos ricos se olvidaron de los pobres, así nosotros podemos también ser poco compartidos, lo que le llamamos “ser egoístas”, y necesitamos compartir, porque hay más alegría cuando uno da que cuando uno recibe. Los bienes son para disfrutarlos, pero también para compartirlos con los demás. Compartir con el pobre es lo mejor que se puede hacer, porque el pobre no tiene con qué devolver; pero cuando nosotros hacemos las cosas solamente por interés no tiene ese sentido del Evangelio.
Hoy el Señor nos invita a compartir lo que somos, pero también lo que tenemos, porque «no podemos servir al mismo tiempo a Dios y al dinero.»
+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla