HOMILÍA EN EL XXVIII DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO

October 09, 2022


HOMILÍA EN EL XXVIII DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO

 

«¿Qué tan agradecidos somos con Dios y con los demás?»

 

Muy queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús:



A todos les saludo deseándoles la paz del Señor, también a aquellos que siguen, a través de estos medios de comunicación, nuestra celebración eucarística; que el Señor a todos nos bendiga y que siempre sintamos la protección de nuestra Madre Santísima, la Virgen María, aquí en nuestra Arquidiócesis en la adveración de la Virgen de los Remedios.

Este domingo la Liturgia de la Palabra, sobre todo la primera lectura, del libro de los Reyes y el Evangelio de San Lucas, nos invitan a reflexionar en una virtud o en un valor, que es el agradecimiento, ¿qué tan agradecidos, agradecidas, somos nosotros?, ¿sabemos dar gracias a las personas y sobre todo gracias a Dios?

Hoy precisamente esta reflexión parte de estas dos lecturas que escuchamos, que nos hablan de leprosos. Primeramente en el libro de los Reyes un general sirio, extranjero, tiene lepra, era una persona con ascendencia, una persona importante, y se encuentra con el profeta Eliseo, el cual le dice que se meta siete veces en el río Jordán. Que el profeta le pidiera eso al general no le sonaba mucho, sin embargo obedeció y entró siete veces al río Jordán y nos dice que después su piel era como la de un niño, quedó limpia, quedó sano de la lepra. De tal manera que estaba muy agradecido, le da gracias a Eliseo, al profeta, e incluso quiere darle algunos regalos, pero el profeta no los acepta, y le dice el hombre sanado: «Permíteme que me lleve algunos sacos de tierra de este lugar para poner un altar ahí en mi tierra y alabar al único Dios». El general tenía otros dioses a los que hacía sacrificios, sin embargo, con este hecho prodigioso él se convirtió. Aquí tenemos el agradecimiento, agradecerle a esa persona que fue instrumento, pero sobre todo agradecerle a Dios, y por eso quiero hacer un altar.

El Evangelio algunos ya lo conocemos. Se le acercan a Jesus diez leprosos. Todos sabemos que la lepra era una enfermedad muy difícil en ese tiempo, sobre todo por las segregación, porque se les apartaba de la comunidad, eran excluidos totalmente, de tal manera que los leprosos no podían vivir con la comunidad. Entonces los diez leprosos le gritan a Jesús que los cure, que los salve. Jesús se compadece de ellos y les dice que vayan con el sacerdote. El sacerdote o los sacerdotes tenían que certificar que habían sido curados. En el camino efectivamente se curaron, se les quitó la lepra. Llegaron con el sacerdote para confirmar que habían sido curados, para darle veracidad a este hecho. Pero resulta que a nueve de ellos, tal vez por la emoción, se les olvidó regresar con Jesús para darle las gracias y solamente regresa uno, curiosamente era extranjero, era samaritano, y regresó y le da las gracias a Cristo, a Jesús. Al final viene lo más importante, porque Jesús le dice: «Vete, tu fe te ha salvado», no solamente lo curó del cuerpo, sino también del alma. Jesús le dice: «¿Qué no eran diez los que fueron sanados?, ¿por qué solamente uno ha regresado?»

Hoy también nosotros pensemos personalmente qué tan agradecidos somos, sobre todo con aquellas personas que nos hacen el bien, que nos apoyan, que nos ayudan en nuestra vida, los padres, los hermanos, los familiares, nuestras catequistas, nuestros maestros, los sacerdotes, que también nos han dado la Palabra de Dios y nos han administrado los Sacramentos, ¿qué tan agradecidos somos nosotros? A veces la palabra “gracias” va perdiendo sentido, pero no hay que dejar que se pierda, hay que dar las gracias, pero unas gracias de corazón.

Por eso hoy empecé diciendo yo que Eucaristía es una palabra griega, eucharistia, que significa “acción de gracias”. La Eucaristía es una acción de gracias. Claro que también venimos a pedirle por algunas necesidades a Dios, pero sobre todo venimos a darle gracias, gracias porque nos ha salvado, gracias porque nos da la vida, gracias por nuestras comunidades, gracias por la salud y también por la enfermedad. Es decir, que este domingo seamos más conscientes, más sensibles, y pensemos qué tan agradecidos somos con Dios y qué tan agradecidos somos con los demás.

Es muy bonito en una familia, cuando uno se sienta en comunidad, en familia, y antes de tomar los alimentos uno le da gracias a Dios por el alimento; es muy bonito cuando uno se levanta y le da gracias a Dios por un nuevo día; cuando uno se acuesta y antes de dormir da gracias por el día vivido.

Hoy estos extranjeros, el general sirio y el samaritano, nos ayudan a ver que es muy importante el dar gracias a Dios.

 

+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla