«Señor, aumenta nuestra fe para que seamos personas de oración»
Muy queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús:
A todos les saludo con afecto de pastor, a ustedes que están aquí en la Catedral de Corpus Christi y también a los que, tanto dentro de nuestra Arquidiócesis como de algunos lugares de la República Mexicana y del extranjero, siguen esta Misa dominical; para todos, para ustedes y para mí, pido que el Señor aumente nuestra fe.
Este domingo, al escuchar la primera lectura, del libro del Éxodo, y el Evangelio de San Lucas, seguramente saben cuál es el tema fundamental, el tema principal: la oración, cuán importante es para nosotros, como discípulos misioneros, ser personas de oración. Podemos partir de la pregunta: ¿Qué tanto hacemos oración en nuestra vida? Sabemos que la oración por excelencia, la máxima, es la Eucaristía y nosotros estamos aquí para tener un encuentro con Dios, con su Palabra, para recibirlo en la Eucaristía y salir con más alegría, esperanza en medio de las dificultades de la vida cotidiana. Pero, tal vez en nuestra vida, en la vida diaria, la oración es muy poca. ¿Cuántas horas tiene un día?, ¿cuántas horas tiene una semana? y ¿cuántas horas hacemos nosotros de oración?
Por eso, hoy la invitación, tanto de la primera lectura como del Evangelio, es que nuestra oración sea constante y perseverante. Tenemos hoy dos ejemplos muy concretos. El primero es cuando el pueblo de Israel iba caminando por el desierto hacia la Tierra prometida y clara que había muchos peligros y a veces se encontraban grupos donde había guerras, donde había luchas, y entonces Moisés sube a la montaña, sube al monte, para hacer oración y pedir por su pueblo. Nos dice curiosamente cómo cuando tenía las manos levantadas el pueblo de Israel siempre iba triunfando y cuando las bajaba empezaban a vencerlos. Finalmente Dios escucha la oración de Moisés y salva a su pueblo. Siempre Dios nos escucha, sobre todo cuando tenemos fe. Por eso hoy hacía esa petición: «Señor, aumenta nuestra fe», porque si no tenemos fe no vamos a hacer oración.
También el Evangelio hoy nos plática una parábola, que sabemos que es un género literario que nos da una enseñanza y Jesús utiliza mucho en los Evangelios las parábolas, este tipo de ejemplos. A Jesús le interesa que sus discípulos sean gente de oración. Y encontramos en esta parábola que Jesús le dice a sus discípulos cómo en un lugar hay un juez malvado, un juez que no tiene temor de Dios y no tiene respeto por las personas, así lo retrata en la parábola; y también ahí se encuentra una viuda a la que han afectado mucho y no ha habido justicia. La viuda va muy seguido con el juez y este no le hace caso, hasta que lo cansa. Entonces el juez le hace justicia del problema que tenía. ¿Cuál es la conclusión que Jesús saca de esta parábola? Si el juez, que es una persona mala, logra hacer esta acción positiva, con cuánta mayor razón Dios nos escucha cuando nosotros le hablamos.
La oración es muy importante, sabemos que hay oración de acción de gracias, oración de alabanza y oración de petición. Yo creo que la mayoría de nosotros hacemos la oración de petición, porque siempre estamos pidiéndole a Dios; pero también hay oración para darle gracias, como cuando nos sentamos en familia, en algún acontecimiento o en una comida, le damos gracias a Dios por los alimentos; cuando una familia se reúne para leer la Sagrada Escritura también hay una oración de alabanza y de acción de gracias. Hoy es importante que nosotros tratemos de dedicar un poquito o mucho más tiempo a la oración, porque la oración siempre fortalece.
La segunda lectura, de San Pablo a Timoteo, nos habla también de la oración, porque anima a este joven Timoteo y le dice: «Tú desde pequeño conoces la Sagrada Escritura, conoces la Biblia, por eso yo te animo a que sigas en contacto con la Palabra de Dios.» Cuando nosotros abrimos la Biblia es una manera de hacer oración, porque la oración siempre es un diálogo: escuchamos y hablamos, ambas cosas. Cuando una persona no nos deja hablar, y habla, y habla, a veces es un poquito molesto, pero la oración es escuchar a Dios que nos habla y también nosotros le respondemos a nuestro Dios. Por eso, que el Señor aumente nuestra fe, porque la fe es creer en Dios, tener confianza en Dios, y si tenemos confianza en Dios vamos a tener un encuentro con Él.
Una anécdota muy hermosa que leí por ahí es que San Juan María Vianney, más conocido como “el cura de Ars”, veía que un campesino iba mucho al Sagrario y pasaba horas en el Sagrario, hasta que un día el cura de Ars le preguntó: “¿Qué le hace venir todas las tardes? ¿A qué viene, si no lo veo rezar, ni arrodillarse, ni hacer ningún gesto o acto especial?” El campesino le mira y con humildad le dice: “Mire, yo vengo todos los días a ver a este Cristo y no sé qué decirle, entonces yo lo miro y Él me mira... eso es todo…" Que nuestra oración sea ese encuentro con Dios, ese Dios que siempre nos va escuchar, aunque a veces pareciera que no escucha nuestras peticiones, pero en un momento dado sabemos que el Señor siempre está en nuestra vida.
Señor, aumenta nuestra fe para que seamos personas de oración. Así sea.
+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla