«Lo más importante es preparar el corazón para que llegue Jesús y se quede en nuestras vidas»
Quiero saludarlos a todos ustedes que se encuentran aquí en nuestra Catedral de Corpus Christi y también a los que a través de las redes sociales y los medios de comunicación llega esta celebración, a muchos hogares en nuestra Arquidiócesis pero también en algunos lugares de la República Mexicana y del extranjero; a todos les deseo que nos alegremos, porque ya está cerca la Navidad.
Hoy encendimos, queridos hermanos y hermanas, la tercera vela de la corona de Adviento, lo que quiere decir que vamos caminando; son cuatro velas, el próximo domingo encenderemos la última vela y eso indica que ya está cerca la Navidad, y ese es el motivo de nuestra alegría, el nacimiento de Jesús.
Es muy curioso el III Domingo de Adviento, porque se le llama el domingo Gaudete, que es una palabra en latín que significa: Alégrense, por eso ustedes ven este ornamento que traemos este día, un ornamento rosa, distinto al morado, que es el color que se utiliza la mayor parte del tiempo, con excepción de las fiestas marianas, pero este ornamento nos habla de que nos alegremos.
Ya desde el canto inicial se decía: alégrense, también en la antífona de entrada y en cada una de las lecturas. La lectura de Isaías nos decía: «Alégrense, porque ya viene la salvación»; y después, en el Evangelio, cuando Juan el Bautista manda a algunos de sus discípulos a preguntarle a Jesús si Él es el Mesías o había que esperar alguien más, Jesús no les da argumentos sino les dice que vean las obras, «los ciegos ven, los sordos escuchan, los mudos hablan», tomando el lenguaje del profeta Isaías; y también en la segunda lectura el apóstol Santiago nos dice: «Deben estar con serenidad esperando la venida del Señor, con alegría», pero no es una espera pasiva sino una espera activa, el ir juntos construyendo un mundo mejor. Todos y cada uno de nosotros podemos poner nuestro granito de arena para que nuestro mundo sea mejor.
Es muy importante la dimensiones educativa, porque las escuelas, los colegios, los maestros, que no solamente imparten conocimientos sino que dan su vida para ir moldeando personalidades y que se vaya educando en los valores humanos y en los valores cristianos. Por eso hoy nos alegramos, y el Maestro por excelencia es Cristo, Jesucristo es nuestro modelo y Él es el que nos va diciendo por dónde debemos caminar.
Estos domingos he estado insistiendo en que el tiempo de Adviento es para prepararnos. Tal vez alguno piensa en la cena de Navidad, en los adornos, pero lo más importante es preparar el corazón para que llegue Jesús y se quede en nuestras vidas. Así es que quiero seguir animándolos para que en familia, en los colegios, en las comunidades, se preparen y que esta Navidad no sea un Navidad pagana, sino una Navidad cristiana, donde Cristo nazca en nuestros corazones.
Por otro lado, quiero felicitar a los que se van a Confirmar hoy. Ustedes a través de la catequesis fueron conociendo más a Jesús y hoy lo van a recibir algunos en la Comunión, pero también algunos van a recibir al Espíritu Santo. Recordarán ustedes que los discípulos estaban tristes porque Jesús tenía que irse para estar a la derecha del Padre y Jesús les dijo: «No estén tristes, les voy a enviar al Espíritu Santo para que les dé los dones y puedan seguir el camino, el anuncio del Evangelio».
Hoy ustedes van a recibir esos dones que del Espíritu Santo, la sabiduría, la fortaleza, la ciencia, la piedad, el temor de Dios, todos esos dones son para servir, para ponerlos al servicio de los demás. Y Jesús les dice: «No tengan miedo, porque voy a poner en su boca las palabras adecuadas», y el Espíritu Santo obra cuando nosotros estamos disponibles.
Yo quiero insistirles, queridos adolescentes y jóvenes que hoy terminan su iniciación de los sacramentos a la vida cristiana, que por eso se llaman iniciación, porque ahora viene lo bueno, ahora viene el compromiso, ahora viene que ustedes sean perseverantes y sigan alimentando su fe en los grupos, en sus parroquias, en familia, porque nadie da lo que no tiene y si nosotros estamos llamados a anunciar a Cristo tenemos que tener la experiencia de Él para decirle a los demás que vale la pena seguirlo.
Los adolescentes y jóvenes tienen que ser los evangelizadores de los jóvenes y de los adolescentes, porque hay muchos que no conocen a Jesús. ¡Ánimo!, participen en la Eucaristía, por lo menos los domingos, hagan oración en su casa. Y también quiero pedirles a los padrinos que los acompañen, que sean cercanos, que hablan también de Dios con ellos, que los animen a ser esos jóvenes que necesita nuestra patria, que necesita nuestra Arquidiócesis. Así es que hoy deben sentirse felices porque van a recibir a Jesus en la Comunión y van a recibir al Espíritu Santo a través del Sacramento de la Confirmación.
Los invito para que todos digamos fuerte: Gloria al Padre, gloria al Hijo y gloria al Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla